Los días malos…

En los días malos, te duele el alma. Y el cuerpo, y el corazón y la cabeza. Noches sin dormir, en las que te es imposible dejar de darle vueltas a la situación que te ha tocado vivir.

Durante la primera etapa, te martillea la pregunta ¿por qué a mí, por qué a nosotros? ¿Qué hemos hecho para merecer pasar por esto? Van pasando los meses y una vez aceptado que simplemente es una lotería donde tenías un mal número… entonces la ansiedad cambia su concepto y tu preocupación principal es si algún día, todos los esfuerzos –físicos, psicológicos, mentales, económicos, sociales- habrán merecido la pena.

Lees historias esperanzadoras… luchadoras que tras años de batalla consiguen su objetivo. Después de tratamientos, lágrimas, abortos, pruebas, caídas… han vuelto a levantarse una y otra vez, lo han intentado “una vez más” y otra y otra… y han triunfado. ¿Dentro de cuánto tiempo podremos ser una historia esperanzadora más?, ¿realmente lo vamos a conseguir?

Los días malos son grises, muy grises, de un gris oscuro donde casi no ves la luz. Piensas NO PUEDO MÁS. NO AGUANTO MÁS. NO ME QUEDAN FUERZAS. Lloras mucho, sobre todo al principio. Más adelante, el llanto deja paso a una mirada perdida, indiferente y sin luz. Ves una embarazada, recibes una ecografía por whatsapp, un carrito de mellizos por la calle… te destroza. Te quema. No puedes evitar mirar.

Te acuestas agotada… llevas días sin dormir, y esa noche no va a ser distinta. Te quedas dando vueltas en la cama, esquivando tus propios pensamientos y llorando muy bajito para no preocupar a tu marido. Bastante está sufriendo él también. Bastante tiene con verte subida al potro de ecografías donde antes te sentías rara y ahora es parte de tu vida, intentando poner tu mejor cara mientras el ginecólogo no te da las noticias que esperabas:

“el endometrio sigue demasiado fino, los folículos no han crecido, son muy pocos… este mioma nos va a retrasar unos meses, vamos a tener que cancelar la transferencia, lo siento pero no hay latido…”

Tu compañero de viaje y de vida se hace el fuerte, lo intenta: te apoya, te sonríe, te abraza al salir… son grandes héroes que se sienten pequeños, la cultura en la que hemos crecido les impide desahogarse como lo hacemos nosotras. Solo se conceden algunos momentos de desesperación, una llorera puntual, abrazados, en la que deja fluir sus sentimientos para volver a esconderlos y mostrarse fuerte, seguro, protector.

En los días malos admiro especialmente a las mujeres que tienen la valentía de pasar por esto solas. Sin el apoyo de una pareja. Sin mi marido: ¿sacaría fuerzas de flaqueza (esas que me sorprenden a mí misma cada vez que me vuelvo a levantar)?

Los días malos son muchos, a medida que pasan los meses y los años, los grises superan con creces a los días de colores… y los interiorizas como parte de tu nuevo yo. Un YO triste, un YO que intenta ser feliz pero no lo consigue del todo. Un YO que quiere no perder la esperanza. Un YO que se esfuerza para pensar que algún día será una historia esperanzadora más…  y mientras tanto, pasa sus días de la forma menos dolorosa posible.

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2 comentarios sobre “Los días malos…

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