A nuestras espaldas

Como miembro del maravilloso club de la #infertilpandy y lectora empedernida de blogs sobre fertilidad, sé lo importante que es para las personas que estamos en este laaaargo camino, conocer las historias ajenas: con datos, fechas, edades…

Así que, aquí mi historia y la de Marido10, lo que llevamos a nuestras espaldas, en cifras, minimizando detalles y sentimientos (esos son imposibles de resumir en una sola entrada). El largo y duro camino recorrido hasta la llegada, por fin, a la meta, a la FELICIDAD sin “peros”.

  • En Marzo de 2012 y tras una boda preciosa, sencilla e invernal (ese día incluso nevó en la sierra de Madrid, donde celebramos el enlace), comenzamos a buscar tranquilos y felices nuestro primer bebé. Ambos teníamos 32 primaveras.
  • Tras 12 meses de búsqueda y ni un solo retraso, nos dan un primer diagnóstico: Teratozoospermia severa (solo un 3% de los espermatozoides con morfología “normal”) Directos a FIV-ICSI.
  • En las pruebas previas a la 1ª FIV-ICSI, mi antimulleriana añade al diagnóstico baja reserva ovárica. Se confirma tras solo conseguir transferir 2 embriones C y ninguno restante para congelar. Resultado: beta negativa y primera mañana llorando en el parque al lado de mi oficina sin atreverme a volver a entrar…
  • 2ª FIV-ICSI: 2 embriones transferidos, un B y un C. Beta: positiva pero bajita (19). A los dos días sube a 33, otros dos días después a 350 (¡qué momentazo! pensábamos: sí, sí… una vez enganchadito ya ha cogido carrerilla y todo va a salir bien). La ilusión duró poco: aborto y legrado a la semana 5.
  • Volvemos a la carga después de los 3 meses de espera post-legrado. Nos llaman de la lista de espera de Embriodon (decidimos pasar de nuestros gametos). Me transfieren un A y un B. A los 12 días, pipitest negativo, pero ¡a los 15 días la beta da 270! ¡Yuhuuuu! Escuchamos latido: pum, pum, puuuum. ¡Muy emocionante! hasta que en la eco de la semana 9 nos dan otra mala noticia: el embrión no está creciendo y su latido cada vez es más débil. Aborto y legrado en la semana 11. En la revisión del legrado (habitualmente 1 mes después), me dicen que sigo con restos… y que me lo tienen que repetir. ¿Es que nada puede salirnos bien?
  • Ya estamos en septiembre de 2014, esperando para comenzar el siguiente tratamiento -esta vez de Ovodonación- empiezo a notar síntomas extrañamente familiares… qué sueño, qué pinchazos en los ovarios… Pipitest positivo (¡por fin!) y milagrito: ¡¡¡embarazo natural!!!. NO NOS LO PODEMOS CREER. La ilusión duró más esta vez… concretamente 27 semanas. Nuestra  ilusión venía muy malita y su corazón se paró dejando en los nuestros un inmenso vacío y una tristeza imposible de expresar con palabras.
  • Tras 1 año de espera, retomamos la idea de la Ovodonación: empezamos las pruebas y ¡más complicaciones! el exceso de legrados ha hecho que mi endometrio se haya vuelto demasiado fino para conseguir una implantación… ¿perdóoooon?. Necesita estimulación y puede que nunca consiga crecer lo suficiente para que merezca la pena hacer un tratamiento… Después de esta nueva caída, nos levantamos, nos limpiamos las heridas y ¡volvemos a la carga! a base de hormonas conseguimos que mi querido endo crezca hasta 7mm. ¡Comenzamos la Ovodon! en el 1er intento nuestra donante nos regala un A, un B, dos C y un D. 1a transfer de un A y un B: Beta negativa. Segunda transfer de congeladitos, los dos C y el D: Beta negativa. En Febrero de 2016 repetimos OVO. Esta vez vamos con ovocitos de donante vitrificados (más sencillo para sincronizar con mi endo que como está tan tocadito, necesita mucha estimulación): obtenemos 2 B, 1 C y 2 D. 1ª transfer de 2B: BETA 199 A DÍA 12 POST-TRANSFER. Y después de un embarazo cargado de ilusiones, miedos, esperanza y todos los cuidados del mundo… por fin, en Octubre de 2016, 4 años y medio después de comenzar a buscar, llegó nuestro pequeño para devolvernos la alegría de vivir.
  • Verano 2017: calentamos motores para intentar ser 4. Pensando en nuestros frigo-hijos que están esperando para venirse a casa con su familia 🙂